Jordi Rollant de 23 años es un joven emprendedor que llegó al diseño por casualidad. Al terminar el doble grado en ADE y Derecho, convirtió el plan de empresa de su trabajo final en un proyecto real: una mesa para balcones urbanos nacida de una necesidad en su piso de estudiantes. Con ella descubrió el valor de los materiales y el desgaste que sufren los objetos que viven a la intemperie, y lo que empezó como una anécdota se convirtió en pasión. En solo cuatro meses desarrolló una colección de exterior. Antes de fabricar, salió a la calle con su catálogo para reunirse con arquitectos, interioristas, diseñadores y hoteles. La acogida fue positiva. En Como (Italia) obtuvo un premio al producto y otro al mejor diseño joven "under 40". Convencido de su propuesta, dejó el despacho de consutloria donde trabajaba para perfeccionarla y llevarla al mercado. Hoy presenta sus ideas hechas realidad en Interihotel.

Balna nace del trabajo final de carrera de Jordi Rollant y de una necesidad muy concreta: una mesa para su balcón que aprovechara el espacio, quedara fija y permitiera salir a dos personas sin estorbar. La mesa era la solución; Barcelona, el mercado natural para ofrecerla. Muchos de sus amigos, familiares y conocidos vivían la misma situación: pisos pequeños en los que cada vez se necesitan más productos capaces de optimizar el espacio.

De ahí su nombre: BALcones de barceloNA, un guiño que resume la idea completa del proyecto. Pero a los pocos días Jordi comprendió que el reto no era solo local. El estilo de vida urbano y la manera de construir y diseñar los balcones en muchas ciudades europeas ofrecían el mismo escenario, y el producto encajaba en todas ellas.


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